¿Qué es la Iniciación a la vida cristiana? (ICA)

La Iniciación cristiana es ante todo obra de Dios. Él es quien toma la iniciativa de llamar gratuitamente a la salvación. El Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos[1] y el Catecismo de la Iglesia Católica[2] presentan la Iniciación Cristiana ICAcomo participación en la naturaleza divina[3]. En la pedagogía catequística entendemos por Iniciación Cristiana el proceso extendido en el tiempo, en el cual el convertido recibe la instrucción evangélica y se ejercita para conformar su vida al estilo del Evangelio en fidelidad a la iniciativa divina y se introduce en la vida nueva del Señor Resucitado[4] por el bautismo, la confirmación y la eucaristía en la comunidad eclesial y también el mundo.

Para iniciar el itinerario de formación del discípulo, muchas veces se hace necesario un nuevo anuncio que permita al bautizado experimentar a Jesús vivo como Señor y salvador de toda la vida y dador del Espíritu Santo, y profundizar mediante la catequesis y los sacramentos de iniciación, el crecimiento en la fe, que pone en comunión con Cristo e introduce al creyente a la comunidad eclesial.

Sin este proceso se cae en la simple transmisión de una sana y ortodoxa doctrina, que no penetra verdaderamente en el corazón del creyente.

ICAEste proceso plantea la necesidad de una formación integral y procesual del discípulo: que responda a los tiempos que nos toca vivir, desde una expresión de fe adulta y comprometida; a partir de una experiencia cristiana nueva que redescubre el sentido festivo de la liturgia con oportunas celebraciones de la Palabra y la utilización y adaptación de los ritos del catecumenado e integra progresivamente en la comunidad de la Iglesia como lugar de acogida, crecimiento y maduración de la vida cristiana al servicio de la evangelización. Además de ser don, la Iniciación Cristiana es también respuesta, acogida y conversión. Respuesta que es educada y acompañada en la comunidad, por medio de la catequesis.

 

Iniciación de inspiración catecumenal

bautizoLa iniciación cristiana tiene en el catecumenado antiguo un principio de inspiración y un modelo aún vigente, sobre todo por su carácter procesual e integrador[5]. En el presente acción pastoral tenemos numerosas acciones valiosas en sí mismas, pero que no logran articularse en un proceso claro, que desemboque en un profunda adhesión al Señor por medio de la conversión y en una auténtica inserción a la comunidad cristiana. Son muchos los cristianos que no son miembros vivos de la Iglesia ni auténticos discípulos del Señor; de ahí que sea necesario optar más decididamente por la creación de procesos de iniciación para formar discípulos, algo no suficientemente ejercitado en nuestra pastoral.

El Magisterio actual, desde el Concilio Vaticano II[6] nos ha invitado reiteradas veces a retomar la inspiración catecumenal, adaptando este proceso a las diferentes edades, ambientes, realidades socio-religiosas y culturales, para responder a los desafíos de un nuevo discipulado hoy.

Los distintos procesos adaptados, deben tener en común ciertas etapas del proceso evangelizador que llevan a las personas a una creciente adhesión al Señor Jesús en la Iglesia. Según los documentos magisteriales tales etapas son:

Testimonio – Kerigma – Catequesis – Vida comunitaria – Misión

que se suelen articular en etapa de acción misionera, etapa de acción catecumenal y etapa de acción pastoral y de presencia en el mundo.

De este proceso puede afirmarse tres cosas: Son etapas que deben cumplirse en ese orden, para que haya lógica en la madurez de la fe que promueve la Iglesia con sus hijos.

Estas etapas no necesariamente se despliegan de un modo lineal y acotado en un tiempo preciso. Las etapas se caracterizan más bien por ser dinámicas, procesuales y circulares. Es lo que va a explicar que en el caso concreto de la catequesis, dado que son muchos los bautizados no convertidos, se haga necesario una acción misionera previa o una catequesis de carácter misionero, antes de realizar la catequesis de iniciación o el catecumenado, propiamente dicho. Ellas permiten la creatividad de numerosos métodos para llevarlas a cabo.

Criterios de la catequesis de iniciación cristiana

La catequesis de iniciación cristiana entendida como formadora de discípulos busca ser un itinerario pedagógico que permita aprender a vivir conforme a la fe cristiana. Esta catequesis procesual busca integrar todas las dimensiones de la persona, atender sus búsquedas y necesidades, avanzando a través de sucesivas etapas del recorrido espiritual; recorrido siempre singular, según las personas y los grupos.plantar_semillas_de_marketing_en_internet

Para realizar esta catequesis se deben tener en cuenta lo siguientes criterios básicos:

- Trabajar bien la formación humana y psicosocial del catequista y del catequizando.

- Privilegiar el uso de la Sagrada Escritura - Situada en contexto comunitario y en el contexto social, económico, político, cultural y religioso de la sociedad contemporánea.

- Fundamentarla en el kerigma - Favorecer la conversión en un proceso por etapas

- Valorizar la relación entre catequesis y celebración privilegiando los sacramentos de la iniciación

- Acompañar la búsqueda del sentido de la vida, estar atentos a la situación sociocultural.

- Asumir una clara dimensión diaconal, misionera y vocacional

- Todo lo cual exige formar un nuevo catequista.

Nuevos modelos de catequesis de Iniciación Cristiana

En las condiciones actuales del continente y de la Iglesia latinoamericana y del Caribe urge una profunda renovación y actualización de la catequesis que incorpore dimensiones esenciales olvidadas por mucho tiempo.

No obstante la reciente renovación nacida del Vaticano II y las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano, continúan los antiguos modelos que no han sido suficientes para iniciar en la vida cristiana, ya que centran su atención exclusivamente en lo doctrinal, lo sacramental y lo moral de modo desarticulado, y limitan la catequesis a la edad infantil. Los modelos que hoy requerimos están llamados a asumir: la Palabra de Dios leída en comunidad como principio fundante de toda catequesis; la lectura continúa de los signos de Dios en la historia; a proponer la catequesis de talante misionero, la opción clara a favor de procesos de iniciación para quien lo necesite; la atención a la catequesis de adultos como modelo de toda catequesis; el empleo de lenguajes que entienda nuestra generación; la prioridad del anuncio del kerigma que llama a la conversión y la celebración gozosa de la fe unida al testimonio y a la profética opción preferencial por los pobres[7]. Ello propiciará la renovación de personas y comunidades y el nacimiento de comunidades marcadas por la conversión, como eje central del itinerario cristiano. En palabras de la Conferencia de Puebla se trata de desencadenar un proceso para formar hombres y mujeres “comprometidos personalmente con Cristo, capaces de comunión y participación y entregados al servicio salvífico del mundo”[8]

Iniciación y vida comunitaria

La dinámica del proceso evangelizador comienza con el despertar y suscitar la conversión y la adhesión en la fe a Cristo. Continúa con el momento de la estructuración y fundamentación de la conversión. Y conduce, más no concluye, a la inserción plena en la comunidad de discípulos, como discípulo y misionero. Por eso, se ha de tener presente que hay acciones que preceden a la iniciación cristiana, y hay acciones que le son consecuencia. La iniciación cristiana es así el eslabón necesario entre ellas dos.

No se puede entender la Iniciación Cristiana sin una comunidad misionera que la origine, la realice y la lleve a plenitud. La vida cristiana del discípulo es un dos destinado a crecer. El momento pastoral comunitario de educación permanente en la fe, se orienta a alimentar de modo continuo el don de la comunión y la misión.

Es claro que para salir de la encrucijada en la que se encuentra la catequesis en nuestro continente, centrada en lo sacramental y en lo doctrinal, pero atenta a educar la conversión dándola por supuesta y, por lo mismo poco misionera, e igualmente que conduce muy poco a vínculos comunitarios y al sentido de la misión en la Iglesia y en el mundo, ha de asumirse la dinamicidad y circularidad del proceso evangelizador como principio de renovación y de cambio. Pues si se parte de una acción misionera previa, ésta a su vez va a exigir que la catequesis sea Iniciación Cristiana, lo que a su vez va a producir comunidades vivas y dinámicas. Pero para ello, se necesita de comunidades maduras, que se lancen a la misión y realicen adecuadamente la tarea de la iniciación. Y una comunidad que hace de la iniciación una opción prioritaria, va a necesitar despertar su carácter misionero y renovar su vida comunitaria.

[1] RICA, Prenotanda Generalia 2-3

[2] Cf. CEC, 1275

[3] Cf. 2 Pedro 1,4

[4] Cf. 1 Pedro 1,22-25; Lc 9,15

[5] Cf. RICA, Observaciones previas, nn. 1-67, Cap 1

[6] Cf. Ch D 1045

[7]Cf. Mc 1,15; GS 1

[8] DP 1000

Catequesis iniciación a la vida cristiana de adultos (ICA)

"Serán mis testigos"

 

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Justificación

La razón de esta propuesta catequística es disponer de unos itinerarios para la iniciación cristiana de los adultos, los cuales “tienen el derecho y el deber de hacer madurar el germen de la fe que Dios les ha dado, tanto más cuando estas personas están llamadas a desempeñar responsabilidades sociales de diverso género y están sometidas a cambios y crisis a veces muy profundos.” (DGC 173). Lo mismo vale para la iniciación cristiana de los niños, de tal manera que el itinerario articule y sistematice, en un proceso gradual, los momentos de catequesis que se han venido realizando hasta el presente. Ambos itinerarios suponen un acompañamiento, adaptado a la edad y situación de adultos y niños, en su gradual inserción y participación en la comunidad cristiana, como testigos de Evangelio, al servicio del reino de Dios. Esta catequesis, concebida como parte del proceso de educación permanente en la fe, es un factor de cambio y revitalización de la comunidad parroquial. La misma adquiere particular relevancia en el marco del Concilio Plenario de Venezuela, aporte esencial a la renovación eclesial encargada en la nueva evangelización, y es que causa un efecto de un “encuentro con Cristo Vivo, camino de conversión, de comunión y solidaridad”.

Los desafíos que la problemática del mundo actual plantea, exigen una respuesta desde la fe y un proceso permanente de educación en la misma. La “Propuesta Nacional de itinerarios” se justifica como respuesta a necesidades sentidas vivamente por los catequistas y la comunidad eclesial. Entre otras podemos enunciar: Los responsables diocesanos de la catequesis, por encargo de sus obispos, se han venido planteando la necesidad de unas catequesis renovadas, que acompaña al adulto y al niño en la maduración de la fe inicial. Los catequistas constatan con frecuencia la falta de formación cristiana y de madurez en la fe de los adultos que piden los sacramentos para sus hijos. Los agentes de pastoral no tienen ni programas ni textos con los que abordar la catequesis con adultos que se preparan a recibir o completar los sacramentos de iniciación.

Es necesario integrar los tres ámbitos de la iniciación cristiana de los niños: la familia, la escuela y la comunidad cristiana. A la familia se ha de llegar por la catequesis con adultos o por la catequesis familiar. La escuela está respondiendo a través del programa de Educación Religioso Escolar (E.R.E) y la comunidad cristiana debe ofrecer un proceso gradual y progresivo de iniciación y desarrollo de la vida cristiana, que complemente lo que el niño recibe en su familia y en la escuela.

La proliferación de las sectas encuentra un terreno propicio en la débil fe de nuestra gente y en su frágil formación cristiana. Es necesario salir al paso de la ignorancia religiosa, y la catequesis con adultos es una propuesta concreta para llenar el vacío de una catequesis inicial incompleta o nula. Los itinerarios catequísticos de iniciación cristiana ofrecen una programación la cual busca enfrentar los retos planteados, de cara a la realidad nacional, social, familiar, religiosa, eclesial.

¿A dónde queremos llegar?

La propuesta nacional expresa una opción por la catequesis de (re)iniciación cristiana para adultos y una opción por la catequesis de iniciación cristiana para los niños-adolescentes.

Teniendo en cuenta las características de las catequesis al servicio de la iniciación cristiana descritas en el Directorio General para la Catequesis (N° 67), este proceso es:

  • Una formación orgánica y sistemática de la fe, encaminada a favorecer su profundización, a vivirla en la celebración de los sacramentos, en especial de la Eucaristía, y a testimoniarla en la vida;
  • Es más que una enseñanza: es un aprendizaje de toda la vida cristiana, al servicio del seguimiento de Jesucristo, centrado en su persona;
  • Es una formación básica y esencial que pone los cimientos de la vida cristiana, y capacita para vivir en la comunidad eclesial y para dar testimonio de la novedad del Reino de Dios en el mundo.

Por medio de los itinerarios se quiere que los destinatarios:

  • Se inicien en la vida de hijos de Dios, en Jesús, por el don del Espíritu Santo.
  • Descubran la presencia del Reino de Dios en la historia personal, comunitaria y nacional.
  • Orienten su vida con los valores del Evangelio.
  • Asuman y vivan su identidad cristiana.
  • Se incorporen activamente a la comunidad cristiana.

Criterios

Las opciones asumidas en la Propuesta Nacional implican criterios catequísticos generales, sobre contenido, métodos y evaluación, que inspiran y han de orientan la programación catequética en cada región, así como la elaboración de los textos. Dichos criterios son:

Criterios Generales:

  • Catequesis Evangelizadora. El DGC situar la catequesis dentro del proceso de evangelización como “momento esencial” (62) que no supone la conversión, sino que parte del primer anuncio (Kerigma) que suscita, y posibilita que se estructure la fe inicial en Jesucristo, hasta llegar a su vivencia plena.
  • Catequesis Comunitaria. Esta asumida por la comunidad eclesial, se desarrolla en una comunidad, y está orientada a que los interlocutores se inserten plenamente en ella y participen activamente.
  • Catequesis Integral. Ha de partir del proyecto pastoral y diocesano. Ha de estar estructurada en la pastoral de conjunto en todos los niveles: nacional, diocesano y parroquial.
  • Catequesis Inculturada. En la catequesis, particularmente con adultos, se actualiza de manera privilegiada la inculturación del Evangelio: “se trata de asumir, por una parte, aquellas riquezas culturales que son compatibles con la fe, (…) y de ayudar a <<sanar>> y de <<transformar>> aquellos criterios, líneas de pensamiento o estilos de vida que están en contrastes con el Reino de Dios”. (cfr DGC 109)

Criterios Particulares: En cuanto a contenidos

  • Catequesis Existencial. La existencia humana, y su historia, es contenido de la catequesis. Por eso parte de la vida y situación de los interlocutores, y conduce la experiencia de Dios. Esta catequesis educa la fe como interpretación de los “signos de los tiempos” o lectura cristiana de la realidad.
  • Catequesis cristocéntrica. Centrada en la persona de Jesucristo. La finalidad de la catequesis ha de ser “no sólo poner en contacto, sino en comunión, en intimidad, con Jesucristo”. La catequesis centrada en Cristo por su mismo dinamismo, introduce en dimensión trinitaria de la fe: “por Cristo, en el Espíritu Santo, al Padre”.
  • Catequesis litúrgico-sacramental. La dimensión celebrativa de la fe ha de vivirse en la catequesis como iniciación a los signos, gestos, actitudes y expresiones que animan toda la liturgia. Además, ha de ser experiencia de vida sacramental, como vivencia de la salvación realizada en Cristo.
  • Catequesis eclesial. La catequesis tiene su origen en la confesión de fe de la iglesia y conduce a la profesión de fe del catequizando en la comunidad. Crea la conciencia de pertenecer a la Iglesia, mediante la inserción activa en una comunidad concreta.

En cuanto al método

  • Catequesis antropológica. Es decir, una catequesis que parte de la situación, de la realidad del interlocutor y del ambiente, de su vida, con sus problemas, experiencia, interrogantes, para luego iluminarlos con la palabra de Dios. Une la lectura de la situación con dicha iluminación, la celebración de la fe con el compromiso de vida.
  • Catequesis testimonial. El catequista ha de ser, antes que nada, testigo de fe, personal y de la comunidad, y ha de educar en la fe, para vivirla como testimonio en el medio familiar, social, laboral.
  • Catequesis participativa. Metodología activa en la que predomina el dialogo: los catequizandos son “interlocutores”,  junto con el catequista, a la escucha de la palabra de Dios.
  • Catequesis transformadora. Todo el proceso de iniciación ha de estar caracterizado por esta dimensión transformadora. Personal, la adhesión a Jesús, y la conversión, exigen un cambio radical de vida. Y comunitario-social, la Buena Nueva de Jesús se ha de proyectar sobre los intercambios humanos creando nuevas relaciones fraternales, nuevas estructuras más humanas al servicio de los más pobres.

En cuanto a la evaluación

  • Coherencia fe – vida. La catequesis ha de buscar que el conocimiento de la fe sea significativo para la vida, de tal manera que incida en la valoración y en las actitudes más profundas del cristiano.
  • Participación activa en la vida de la comunidad eclesial. Los interlocutores de la catequesis, se irán insertando gradualmente en la comunidad, mediante una participación activa en la celebración y en la vida de la misma, a través de los grupos de apostolados y/o los servicios pastorales parroquiales.
  • Compromiso transformador de la realidad. La aplicación a la vida, en el compromiso de cada encuentro catequístico, ha de ser objeto de revisión en cada sesión, con vistas a una gradual experiencia del testimonio cristiano.

NÚCLEOS TEMÁTICOS

Los criterios sobre contenidos determinan la elección de las áreas temáticas en las que se articulan los contenidos catequísticos de los itinerarios. Estas son las siguientes.

  • Área Antropológico – social: la dimensión personal y el entorno familiar, comunitario y social, a la luz de la fe.
  • Área bíblica: la historia de la salvación en los momentos y personajes bíblicos más relevantes.
  • Área cristológica: Jesús, centro de la catequesis, revelador del padre, “camino, verdad vida”, presentado sobre todo a través de los Evangelios.
  • Área eclesial- comunitaria: el nacimiento de la Iglesia, la acción de Espíritu Santo en los apóstoles y en las primeras comunidades, y la experiencia eclesial de hoy.
  • Área litúrgico- sacramental: la experiencia de la celebración de la fe en la liturgia y en cada sacramento. Dimensión sacramental de la vida cristiana.
  • Área vida espiritual: la vida “nueva” recibida en el Bautismo, que se desarrolla en la vivencia de la fe, en la experiencia de la oración y en la lectura cristiana de los signos de los tiempos.
  • Área moral: la dimensión ética del seguimiento de Cristo. Adquisición de valores y actitudes básicas del cristiano, inspirados en el Evangelio y orientando el compromiso.

DESCRIPCIÓN

L a catequesis con adultos es un proceso de acompañamiento sistemático, orgánico e integral para la vivencia, celebración, crecimiento y practica de la fe de hombres y mujeres con miras a su inserción en la comunidad cristiana, y al testimonio evangelizador en su familia y en el medio social.

JUSTIFICACIÓN

La realidad eclesial, social y familiar reclama hoy ofrecer a las adultos un camino de fe porque:

  • Es necesario que el bautizado adulto conozca y siga a Cristo el Señor para entrar en el Misterio de Dios y colaborar en la construcción del Reino.
  • El laico cristiano adulto ha de estar integrado y participar en la comunidad eclesial.
  • Es un medio de integración fe- vida, de renovación de la vida sacramental y de testimonio cristiano en el mundo.
  • Los padres y/o familiares deben acompañar el proceso de crecimiento en la fe de sus hijos, y ofrecerles un modelo de vida cristiana.

OBJETIVOS

Objetivo general:

Ofrecer a los adultos las orientaciones, ámbitos y medios que favorezcan la conversión y la adhesión a Cristo, el crecimiento y maduración de la fe, la participación en la comunidad eclesial, y la opción cristiana de un proyecto de vida según el Evangelio.

Objetivos específicos.

  • Descubrir el sentido de la vida en el encuentro con Jesucristo vivo y con su Palabra.
  • Promover procesos de personalización y profundización de la fe.
  • Ahondar en la experiencia cristiana, en la oración y el seguimiento de Jesús como preparación, o renovación y vivencia del compromiso bautismal.
  • Favorecer la participación y vivencia en la comunidad cristiana, y la calidad de afrontar las situaciones complejas de nuestra realidad desde la fe.

LAS ETAPAS DEL ITINERARIO

El itinerario catequístico para adultos se inspira en el catecumenado de  Adultos, tal como lo propone el RITUAL PARA LA INICIACIÓN CRISTIANA CON ADULTOS (RICA), asumiendo lo que ya desde el Concilio Vaticano II se pide y la Catechesi Tradendae insiste: “Es conveniente subrayar los elementos del catecumenado que deben inspirar la catequesis actual y el significado de esta inspiración” (DCG 90).

“En el catecumenado bautismal, la formación se desarrolla en cuatro etapas:

 

 

Etapa I - ICAPRIMERA ETAPA: El precatecumenado

Caracterizado porque en él tiene lugar la primera evangelización en orden a la conversión, y se explicita el kerigma del primer anuncio.

13466136_10154255713993166_6810333006262552399_nEl presente texto, "Una Buena Noticia" corresponde a la primera etapa del itinerario, etapa del Precatecumenado, tiempo para el primer anuncio, llamado también anuncio del kerigma. Es el momento para el anuncio del núcleo de nuestra fe: Cristo, murió por nuestros pecados y resucitó por nuestra salvación, en él se realiza la salvación, el nos muestra el amor inagotable de Dios. El objetivo de esta etapa es descubrir el sentido de la vida en el encuentro con Jesucristo vivo, como llamada a la fe y a la conversión. De una vez es necesario dejar claro que este libro no es un texto de catequesis, ni una guía para el catequista. Los libros de itinerario. Se trata de ofrecer al catequizando un subsidio con la finalidad de poner a su disposición una síntesis de los contenidos que marcan el camino de la fe, facilitarle la reflexión y sobre todo la oración y meditación de lo descubierto en cada encuentro catequístico.

SEGUNDA ETAPA: El catecumenadoEtapa II - ICA

Propiamente dicho, destinado a la catequesis integral, y en cuyo comienzo se realiza la "entrega de los Evangelios".

13450269_10154255714013166_6369353373043004286_nDespués de dar el paso de adhesión a la fe y pedir hacer el camino de iniciación a la vida cristiana con el catecumenado, comienza el tiempo de la catequesis integral (catecumenado) como desarrollo gradual de esa fe inicial. Al finalizar esta etapa, se presentan tres alternativas: el catecúmeno pide ser admitido a los sacramentos de iniciación, para ser parte de la Iglesia. En el caso del bautizado, solicita renovar sus promesas bautismales; o llegado hasta este punto la persona puede sentir que no está suficientemente preparada para asumir el compromiso que implica continuar y solicita un tiempo de espera.

 TERCERA ETAPA: El tiempo de purificación e iluminación

Etapa III - ICAQue proporciona una preparación más intensa a los sacramentos de la iniciación y en el que tienen lugar la "entrega del Símbolo" y la "entrega de la Oración del Señor".

13450269_10154255714013166_6369353373043004286_nEl objetivo de la etapa es: ahondar en la experiencia cristiana, en la oración y el seguimiento de Jesús como camino para vivir el compromiso bautismal. La etapa de iluminación y purificación, se inicia con el rito llamado de Elección. El Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos (RICA) indica que la Cuaresma es el tiempo más apropiado. Para la preparación al bautismo, porque “es tiempo para renovar a la comunidad de los fieles junto con los catecúmenos por la liturgia y la catequesis litúrgica, mediante el recuerdo o la preparación del Bautismo, y por la penitencia. Así dispone a los catecúmenos para celebrar el misterio pascual, que los sacramentos de la iniciación aplican a cada uno. La catequesis de este tiempo se centra en los sacramentos de iniciación, particularmente en el bautismo, y en la penitencia para los ya bautizados. Se trata de ayudar a descubrir el sentido de la iniciación sacramental y que el catecúmeno/ catequizando llegue a una mejor comprensión y valoración de los signos sacramentales de la comunidad cristiana. Las celebraciones señaladas en el Ritual se intensifican en esta etapa y tienen lugar en el marco de la celebración eucarística de la comunidad cristiana: los escrutinios que se realizan el 3°, 4° y 5° domingo de Cuaresma y la entregas del Símbolo de la fe (Credo) y de la Oración Dominical (Padrenuestro).

Etapa IV - ICA

 CUARTA ETAPA: El tiempo de la mistagogía

Caracterizada por la experiencia de los sacramentos y la entrada en la comunidad.” (DGC 88)

 13450269_10154255714013166_6369353373043004286_nEl objetivo de la cuarta etapa: consolidar la vivencia del seguimiento de Jesús por la celebración sacramental, la participación en la comunidad cristiana, y la capacitación para afrontar la fe desde las situaciones complejas de la realidad. La lectura orante de la Palabra de Dios, la participación en la celebración litúrgica de la comunidad, y los encuentros catequéticos conforman la experiencia de esta etapa culminante.  Particular importancia tiene el conocimiento de la vida parroquial, de sus grupos y movimientos así como de la acción pastoral, a fin de que los catequizandos puedan descubrir la vocación y ministerio al que se sienten llamados a vivir en la parroquia.

TIEMPOS

No se establece duración de cada etapa, ya que se debe adaptar a la realidad, pero sin perder nunca de vista que “por ser acompañamiento del proceso de conversión, es esencialmente gradual; y por estar al servicio del que ha decidido seguir a Jesucristo, es eminentemente cristocéntrica.”

DESTINATARIOS

El ICA se dirige a todo adulto que desea descubrir y profundizar su fe, en particular a aquellos que van a recibir los sacramentos de la iniciación, o deben completarlos.

Este itinerario ha de ser propuesto a los padres y familiares de los niños y adolescentes que inician el proceso catequístico.

CARACTERISTICAS DE LA CATEQUESIS CON ADULTOS

El Directorio General para la Catequesis, N° 174, aclara la naturaleza y características de la misma, las cuales se han de reflejar en su metodología.

  • La atención a los destinatarios adultos, como hombres y como mujeres, teniendo en cuenta sus problemas y experiencias, sus capacidades espirituales y culturales, con pleno respeto a las diferencias.
  • La atención a la condición laical de los adultos, quienes por el Bautismo, tienen la misión de <<buscar el Reino de Dios ocupándose de la realidades temporales y ordenándolas según Dios>>, y asimismo están llamados a la santidad.
  • La atención por despertar el interés de la comunidad, para que sea lugar de acogida y ayuda a los adultos.
  • La atención a un proyecto orgánico de pastoral de los adultos en el que la catequesis se integra con la formación litúrgica y con el servicio de la caridad”

13690783_10154344835453166_221996183606039639_nPor estar dirigida a adultos ha de tomar en cuenta su experiencia de vida, sus valores, y convicciones, para lograr que el anuncio del Evangelio impregne toda la vida. Por lo tanto en la misma adquiere particular significación la catequesis antropológica. Partir de la experiencia humana, de la situación personal, familiar, social. Ella ahonda en el significado de la misma para luego iluminarla con la Palabra de Dios, la cual da sentido, abre nuevos horizontes, propone un nuevo relacionamiento con Dios , y por tanto, también, una nueva actitud. Dicha catequesis lleva al compromiso o testimonio en la vida, y se celebra en la oración, la alabanza, la petición de perdón y en la acción de gracias. Por inspirarse en el catecumenado bautismal, este proceso catequístico ha de dar especial relevancia a la gradualidad de las etapas, a las celebraciones en cada una, y a los signos y “celebraciones de paso” a la etapa siguiente. Con los adultos ha de hacerse énfasis en la evaluación, considerada como “revisión de vida”.

MANUAL DEL CATEQUISTA

El Manual del Catequista es una ayuda, una guía, un apoyo para quienes acompañan estos procesos de fe. No quiere sustituir el trabajo personal, la creatividad y mucho menos el testimonio de vida del catequista, sino darle pistas y sugerencias. Para poder llevar adelante esta hermosa y noble misión de acompañar a sus hermanos al encuentro con Cristo y al seguimiento como discípulos misioneros en esta hora de la Iglesia en Venezuela.

                                                                         Elaborado por el Pbro. Antonio Arocha, 
                 Director del secretariado de Biblia y catequesis de la Arquidiócesis de Valencia en Venezuela

 

Principios teológicos pastorales para la iniciación cristiana

Hemos señalado la importancia teológica y pastoral que se le da hoy día a la iniciación cristiana, indicando también los motivos de su renovación. Algunos pueden llegar a pensar que la opción por la iniciación cristiana implica simplemente, a primera vista, un esfuerzo por mejorar los procesos de catequesis que preceden a la celebración de los sacramentos de iniciación, Bautismo, Confirmación y Eucaristía. La renovación que se nos pide implica esta necesidad, pero es mucho más. Pues dicha opción nos lleva a mirar y a trabajar desde el fundamento de nuestra vida cristiana personal y comunitaria, o sea, el fundamento de nuestra identidad: nuestra participación en el misterio pascual de Cristo.

Esto exige que analicemos algunos principios teológicos pastorales que iluminen nuestra lectura de la realidad, nuestras decisiones y nuestras acciones. El estudio de estos principios se orienta a la comprensión de la naturaleza, distintos aspectos, exigencias, fases y articulaciones de la iniciación cristiana

Naturaleza de la iniciación cristiana

La iniciación cristiana es un don de Dios que recibe la persona por la mediación de la Iglesia. Supone y exige también la libre decisión de la persona de convertirse a Dios y la opción de seguir a Cristo en su Iglesia. Veamos las implicaciones de esta afirmación para la comprensión de la iniciación cristiana y para nuestra práctica pastoral

La iniciación cristiana don de Dios.

La iniciación cristiana, de acuerdo con el Catecismo de la Iglesia Católica es, ante todo, don de Dios mediante la gracia de Jesucristo y por mediación de la Iglesia. Es inserción de la persona en el misterio de Cristo, muerto y resucitado. Este nuevo nacimiento, esta nueva vida en la que el ser humano es engendrado, esta participación en el Misterio Pascual de Cristo y de participación en la naturaleza divina, es el núcleo y el corazón mismo de la iniciación cristiana. De ahí la importancia de trabajar para que todas nuestras actividades pastorales, con mayor razón las relacionadas con los sacramentos de iniciación, se orienten al descubrimiento y comprensión de esta realidad en toda su profundidad, tal como es señalado en concreto en cada uno de los documentos que analizan la pastoral y la catequesis de los distintos sacramentos de la iniciación cristiana.

La conversión: respuesta al don de Dios.

La iniciación cristiana es a la vez acción de Dios y respuesta del ser humano. Mediante la iniciación cristiana Dios sale a nuestro encuentro, se nos acerca, nos llama a vivir en comunión con El. El ser humano, por su parte, acepta y acoge libremente ese don de Dios y se entrega confiadamente a El. Por eso la iniciación cristiana es un don de Dios que requiere, ciertamente, nuestra respuesta al don, por medio de la conversión.

Para el Directorio General para la Catequesis, la fe cristiana es ante todo conversión a Cristo, adhesión plena y sincera a su persona y decisión de caminar en su seguimiento. Es un encuentro personal con Jesucristo, es hacerse discípulo suyo. Exige el compromiso permanente de pensar como El, de juzgar como El y de vivir como El lo hizo. Así, el  creyente se une a la comunidad de los discípulos de Jesús y hace suya la fe de la Iglesia. La conversión lleva consigo un cambio de vida, una transformación profunda de la mente y del corazón, que se manifiesta en todos los niveles de la existencia. La fe es, además, un don destinado a crecer en el corazón de los creyentes, lo que da origen a un proceso de conversión permanente que dura toda la vida (DGC 53-56).

Toda la educación en la fe, desde aquella que se hace con los niños que reciben su bautismo desde pequeños, hasta la realizada con los jóvenes y adultos, se orienta a la toma de conciencia de ese don, a madurar en la respuesta libre y generosa al don de Dios. De modo especial, señala el Directorio General para la Catequesis, el Ministerio de la Palabra está al servicio de este proceso de conversión plena y de crecimiento permanente en la fe, con las características que señalaremos más adelante cuando hablemos de la iniciación cristiana al interior del proceso de evangelización. Por ahora, bástenos recordar lo que al respecto afirma el Directorio: "El primer anuncio tiene el carácter de llamar a la fe; la catequesis el de fundamentar la conversión, estructurando básicamente toda la vida cristiana, y la educación permanente en la fe, en la que destaca la homilía, el carácter de ser alimento constante que todo organismo adulto necesita para vivir" (DGC 57).

Por eso, desde esta afirmación, podemos también señalar que sin lugar a dudas la educación en la fe, en sus distintas etapas (misionera, catecumenal y pastoral), es elemento integrante (y muy importante) de la iniciación cristiana, pues sin ella el don otorgado no podría ser acogido, madurado y vivido.

De todas las anteriores reflexiones aparece claro que a la función de iniciación, propia del momento catequístico o catecumenal, anteceden unas acciones y surgen como consecuencia otras acciones. Se trata de tomar conciencia de dos cosas. Primero, que si bien es verdad que la iniciación cristiana es elemento fundamental y prioritario de toda acción evangelizadora, no debe ser confundida con la totalidad del proyecto evangelizador. Y segundo, de cara a un proyecto unitario, coherente y global de iniciación cristiana, entender que  no es suficiente que estructuremos de modo armónico sus elementos litúrgicos y catequéticos, sino que además tengamos presente lo que precede (acción misionera - primer anuncio) a la iniciación cristiana y lo que sigue como consecuencia o resultado del proceso (acción pastoral). O como lo hemos señalado con ocasión de las catequesis y pastoral para cada uno de los sacramentos de iniciación considerar tanto el "antes" como el "durante" y el "después".

De este modo estaríamos acogiendo las siguientes indicaciones del Directorio General para la Catequesis: "Al definir la catequesis como momento del proceso total de la evangelización, se plantea necesariamente el problema de la coordinación de la acción catequética con la acción misionera que la precede, y con la acción pastoral que la continúa. Hay, en efecto, elementos que preparan a la catequesis o emanan de ella". (DGC 276).

Y ello, en razón de que nuestra situación de nueva evangelización, exige que las tres acciones o etapas de la evangelización, se conciban coordinadamente y se ofrezcan mediante un proyecto evangelizador misionero, catecumenal y comunitario unitario (DGC 277). Para el caso concreto de la catequesis de iniciación, esta coordinación se hace más necesaria ya que ella es el eslabón  necesario entre la acción misionera que llama a la fe y la acción pastoral que alimenta constantemente la comunidad cristiana. Como afirma el Directorio: "sin ella la acción misionera no tendría continuidad y sería infecunda. Sin ella la acción pastoral no tendría raíces y sería superficial y confusa" (DGC 64).

Y es que la relación entre las tres etapas es básica para la marcha de los procesos de evangelización. La acción misionera, la acción iniciatoria y la acción comunitaria forman una unidad tan fuerte que cualquier acentuación unilateral o cualquier descuido en una de ellas, perjudica todo el conjunto. De  modo tal que es posible afirmar: sin una buena acción misionera es imposible una buena iniciación cristiana; sin la existencia de comunidades cristianas vivas la iniciación cristiana será, igualmente, superficial;  y sin una adecuada pastoral comunitaria en la etapa de acción pastoral, la acción misionera y la acción iniciatoria carecerían de meta y de referente animador.

 La iniciación cristiana mediación de la Iglesia.

La inserción en el misterio de Cristo y en la Iglesia y la transformación radical de la persona humana se realiza mediante la Iglesia y en la Iglesia, es decir, se lleva  a cabo al interior del ámbito de la comunidad de fe: en ella se es engendrado a la vida divina y en ella y desde ella debe darse la acogida y la respuesta libre al don de Dios. Hasta el punto que sólo en la Iglesia la persona puede captar el significado de la radicalidad de la existencia cristiana y en ella puede madurar y desarrollar su fe, de forma que de un modo maduro, la viva en el servicio a la persona y a la sociedad.

La iniciación es un encuentro de la Iglesia con el iniciado y de éste con la Iglesia. La comunidad de fe ha de ser siempre el origen, el lugar y la meta de la iniciación cristiana. Lo que significa que la comunidad es la forma esencial de ser cristiano. Se pertenece a Cristo perteneciendo a la Iglesia y se pertenece a la Iglesia de Cristo perteneciendo a una comunidad eclesial cristiana. Por eso, la mejor prueba del ser cristiano es la pertenencia efectiva y afectiva a la comunidad cristiana.

La comunidad es entonces un elemento clave de nuestra identidad cristiana. Pero esto que teológica y pastoralmente se comprende, en la realidad no siempre es así. De hecho, hoy día es posible encontrar creyentes sin sentido comunitario, sin pertenencia efectiva y afectiva a la comunidad cristiana. Por eso se comprende que la opción por la renovación de los procesos de iniciación cristiana es también una opción por la comunidad de fe y por la educación en el sentido comunitario de la vida cristiana, pues como lo señala con gran acierto el Directorio General para la Catequesis "la vida cristiana en comunidad no se improvisa, hay que educarla con cuidado" (DGC 86).

Se trata también de no perder de vista que la finalidad de todo el proceso de iniciación cristiana es la común profesión de fe de la Iglesia en el único Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. "Esta es la fe de la Iglesia, que nos gloriamos de confesar en Cristo Jesús Señor Nuestro", es la exclamación que se hace en la ceremonia del Bautismo hecha la profesión de fe. Ella expresa la unión que debe producirse entre "el si creo" de cada creyente y "el creemos" de toda la Iglesia. Expresa también que la catequesis que acompaña los procesos de iniciación tiene su origen en la confesión de fe y conduce a la confesión de fe, profesada, celebrada, anunciada y vivida  por toda la Iglesia.  Es en esta común profesión de fe donde el creyente y la comunidad encuentran su identidad. Es ella misma, conscientemente asumida, la que determina la presencia del cristiano y de la Iglesia en la sociedad como "sal de la tierra y luz del mundo".

 Elementos de la iniciación cristiana.

La iniciación cristiana es el proceso de inserción en el misterio de Cristo muerto y resucitado, y en la Iglesia por medio de la fe y de los sacramentos. Como lo afirma el Directorio General para la Catequesis, se lleva a cabo mediante la catequesis y la liturgia íntimamente unidas entre sí: "La catequesis es el elemento fundamental de la iniciación cristiana y está estrechamente vinculada a los sacramentos, especialmente al Bautismo, sacramento de la fe" (DGC 66).

Palabra (itinerario catequético) y sacramento son los aspectos irrenunciables de la iniciación cristiana. Mediante los sacramentos de iniciación el ser humano es vinculado a Cristo y asimilado a El en el ser y en el obrar, introduciéndole en la comunión trinitaria y en la Iglesia. Mediante el itinerario catequético, que precede, acompaña o sigue a la celebración de los sacramentos, el catequizando descubre a Dios y se entrega a El, crece en el conocimiento del misterio de Cristo y avanza en el aprendizaje global de la vida cristiana.

 Los sacramentos de iniciación cristiana.

La iniciación cristiana comprende esencialmente la celebración de los sacramentos que consagran los comienzos de la vida cristiana en analogía con las etapas de la existencia humana, y que por eso se llaman sacramentos de iniciación. Los sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y de la Eucaristía son la fuente y la cima de la iniciación. En el caso de los niños que fueron bautizados de pequeños entra también el sacramento de la penitencia.

El Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía guardan entre sí una íntima unidad. Es preciso que esta unidad y ordenación mutua de los sacramentos de iniciación cristiana se ponga de manifiesto tanto en la catequesis como en la pastoral. Dicha unidad proviene del Misterio Pascual. Como tenemos ocasión de recordarlo y señalarlo en los documentos sobre la pastoral y la catequesis de cada uno de estos sacramentos el anuncio del Misterio Pascual de Cristo y nuestra participación en El debe ser el anuncio central y fundamental, pues es el anuncio que funda nuestra identidad como creyentes en la Iglesia. Por ello debe ser el tema central en nuestras catequesis, debe ser un anuncio repetitivo y reiterativo a lo largo de todo el proceso de iniciación.

Pero no nos llamemos a engaños. Cuando hablamos de renovar los procesos catequísticos de cada uno de estos de sacramentos, no hablamos únicamente de "salvar" el proceso formativo de cada sacramento de modo aislado y desarticulado de todo el proceso de iniciación cristiana. Un principio ha quedado claro entre nosotros: la renovación  de la pastoral de cada uno de los sacramentos de iniciación separada de los otros, y separada de la catequesis familiar, de la catequesis parroquial, de la formación de los adultos responsables, de la educación religiosa en la escuela, no tiene sentido. Sería como echar "vino nuevo en odres viejos". Es necesario, y así lo hemos asumido, que busquemos desde la parroquia elaborar un proceso unitario, articulado y coherente de iniciación cristiana. Recordémoslo una vez más: si bien es necesario mejorar nuestras catequesis presacramentales, lo que necesitamos es replantearnos todo el proceso de hacerse cristiano.

De cara a la renovación de los procesos de iniciación  se hace necesario optar por un proceso de iniciación unitario y coherente, en sus distintas dimensiones. Pero como sobre este punto hablaremos después, bástenos por ahora señalar que la fundamentación de esta unidad, articulación y coherencia, no es sólo de carácter pedagógico o estratégico sino, ante todo, teológica, de acuerdo con el siguiente criterio señalado por el Directorio General para la catequesis: “La coordinación de la catequesis no es un asunto meramente estratégico, en orden a una mayor eficacia de la acción evangelizadora, sino que tiene una dimensión teológica de fondo. La acción evangelizadora debe estar bien coordinada porque toda ella apunta a la unidad de la fe que sostiene todas las acciones de la Iglesia” (DGC 272).

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