ALGUNAS ORIENTACIONES PARA EL AñO DE LA FE DESTINADAS A LOS
SECRETARIADOS DE CATEQUESIS
Significado del Año de la fe
El Año de la Fe (11 de octubre de 2012 – 24 de noviembre de 2013) es un tiempo de gracia para tomar conciencia y prepararse intensamente para revitalizar, purificar, confirmar y celebrar la fe cada día y dar un renovado testimonio de este don maravilloso ante el mundo. Para el Santo Padre Benedicto XVI la convocatoria tiene el sentido de disponer de un año que “suscite en todo creyente la aspiración de confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza” (Porta Fidei, 9). Y exhorta a unir la profesión de fe con el testimonio y para ello anima a redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada (ib.) Es toda la Iglesia la que se apresta a “atravesar la puerta de la fe”. Sin embargo, para quienes son responsables de la animación y la puesta en acto de la catequesis, es un compromiso particularmente urgente. El Año de la Fe es un fuerte llamado a todos los catequistas a vivir en profundidad su fe, a testimoniarla con su vida y a transmitirla con su acción generosa e incansable. Por este motivo, la Comisión Episcopal de Biblia y Catequesis propone, a modo de sugerencias, a los Secretariados de Catequesis, algunas líneas de acción para este año.
1. Fe y Palabra de Dios
La fe brota del encuentro personal con Cristo y de la acogida de su Palabra y se expresa en la adhesión del corazón al Señor. Esta fe inicial se profundiza y encamina a su madurez a través de la catequesis. La fuente principal de esta catequesis es la Palabra de Dios, que nos transmite la revelación de Dios por su Hijo Jesucristo, interpretada bajo la acción del Espíritu Santo en la Iglesia. El Año de la Fe es un tiempo oportuno para intensificar en los catequistas el contacto con la Palabra, profundizando en el conocimiento de la Biblia y ahondando la práctica de la lectura orante. La animación bíblica de la pastoral tendrá un campo muy amplio de acción en este ámbito.
2. Fe y contenidos
La fe personal, adhesión de todo el ser a Jesús, de quien se ha tenido una fuerte experiencia, ha de fortalecerse con el estudio, la renovación y actualización teológico pastoral. Este año es propicio para la renovación, actualización y creación de escuelas e institutos de teología y pastoral para laicos así como el refuerzo de las escuelas de catequistas. Como temas de estudio se propone la lectura, el conocimiento y profundización de los documentos del Concilio Plenario de Venezuela, en relación con el Vaticano II y con nuestra realidad. El estudio y profundización del Documento de Aparecida situará a los catequistas en el contexto de una Iglesia misionera. Desafío particular significa el estudio del Catecismo de la Iglesia Católica y la comprensión profunda de su naturaleza e identidad.
3. Fe, anuncio misionero y catequesis
El Beato Juan Pablo II afirmaba en la Redemptoris Missio que “la fe se fortalece dándola” (N° 2). Todo aquel que vive la alegría de creer, siente en su corazón la necesidad de compartir y anunciar el nombre de aquel que le ha dado un nuevo sentido a su vida. El Año de la Fe ofrece una excelente oportunidad para un nuevo aliento misionero que lleve a la comunidad eclesial a buscar al alejado, a invitar al que está en búsqueda, a proclamar “a tiempo y a destiempo” la buena nueva del Evangelio. El primer anuncio ha de estar acompañado por la invitación a la catequesis. Es una ocasión para abrir nuevas experiencias de catequesis de iniciación a la vida cristiana con adultos y jóvenes. El llamamiento a una nueva evangelización sigue resonando hoy con la misma actualidad con que nos urgía el 1982, el Beato Juan Pablo II, “nueva en su ardor, nueva en sus métodos y nueva en sus expresiones”.
4. Fe y caridad
“La fe sin obras es muerta” (cf. St 2,14). No se puede creer en Jesús sin comprometerse con su proyecto: el Reino de Dios. El seguimiento implica asumir las opciones del Maestro y vivir según su mandamiento nuevo. Desde la catequesis con adultos y jóvenes el Año de la Fe es el momento de reforzar el compromiso social que brota de la misma fe y el seguimiento de Jesús, a favor del más pobre y necesitado, así como de una presencia transformadora en la sociedad.
5. Fe y celebración
La fe se alimenta en la escucha y contemplación de la Palabra y se celebra en la acción litúrgica, particularmente en la Eucaristía. Todo creyente está llamado a participar plena, activa y conscientemente de la liturgia. Para lograr esta conciencia, la catequesis de iniciación tendrá una particular incidencia en la iniciación litúrgica de catecúmenos y catequizandos. La renovación de la fe significa también renovación y profundización de la piedad popular.
6. Fe y cultura
Las palabras de Juan Pablo II en 1982 tienen plena vigencia hoy: «La síntesis entre cultura y fe no es sólo una exigencia de la cultura, sino también de la fe (...) Una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no totalmente pensada, no fielmente vivida». El Año de la Fe nos debe animar a reafirmar el compromiso de los catequistas por la inculturación de la fe. Se hace necesario una capacitación adecuada y una toma de conciencia del rol del catequista en esta tarea. Como recuerda el DGC 1997, “se trata (…) de la penetración del Evangelio en los niveles más profundos de las personas y de los pueblos, afectándoles «de una manera vital, en profundidad y hasta las mismas raíces» de sus culturas” (109).
Conclusión
La fe “es compañera de vida que nos permite distinguir con ojos siempre nuevos las maravillas que Dios hace por nosotros. Tratando de percibir los signos de los tiempos en la historia actual, nos compromete a cada uno a convertirnos en un signo vivo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo” (PF 15). La fe es un acto personal y comunitario, es un don de Dios, para vivirlo en la gran comunión de la Iglesia y comunicarlo al mundo. Estas orientaciones quieren ser un aporte para lograr esta |